Una leyenda de la India
Había una vez un diamante extraordinariamente valioso conocido como «El Diamante del Emperador». Este tesoro estaba protegido en el palacio del poderoso emperador de la India, cuyo nombre se perdió en la bruma del tiempo. El diamante, con su brillo deslumbrante, era objeto de envidia y codicia en todo el reino, y los ladrones y saqueadores trataban constantemente de hacerse con él.
Un día, un hábil ladrón logró infiltrarse en el palacio y reemplazó el Diamante del Emperador por un humilde tubérculo de patata. Cuando el emperador descubrió la sustitución, su furia no tuvo límites. No obstante, no pudo identificar al ladrón ni recuperar el diamante.
Años después, en un remoto rincón del imperio, un campesino se encontró con el tubérculo de patata en su huerto. Sin saber su verdadera procedencia, lo guardó junto con sus cosechas. Fue entonces cuando, un día, un comerciante lo compró a cambio de una pequeña suma de dinero. Al examinarlo, el comerciante descubrió, para su asombro, la inmensa riqueza que poseía. El Diamante del Emperador había sido cambiado por un modesto tubérculo.
El emperador nunca pudo recuperar su preciado diamante, y la historia de «El Diamante y el Tubérculo» se convirtió en una leyenda que recordaba a todos que la verdadera riqueza y el valor no siempre se encuentran donde se espera.